Alguna vez miraste más allá de tus manos, viendo lo que estas pueden hacer y decir con tan sólo un roce, con el sonido que enmudece frente a ellas en el instante mismo que caen sobre un cuerpo, que no es cuerpo cuando tus manos lo tocan. Si asi fuera, podrías describirlo, o al menos recordarlo.
Confieso que estoy perdida buscando en todos los rincones del lenguaje la respuesta a tu mirada. Sé que busco lo innombrable y sé también que por eso lo busco.
Por qué el fuerte no quiere ser fuerte. Por qué me atrae no tenerte. Confieso, nuevamente, es irremediable este deseo, que juega conmigo, tan irremediable como la noche que cae frente a nosotros. Debería ser mas cauta o es que acaso esta confesión redime la vergüenza de delatarme. Es como desnudarme frente a esa mirada, dejar caer las máscaras que nos envuelven en el velo de la incógnita. Es esta timidez que me atrae. La nuestra.
