Odio que digan la palabra "bizarro". Ya pasó, y solo queda bien en la canción de Calamaro "Lou Bizarro", bastante pasada de moda, por cierto. Odio que me hablen cuando estoy escribiendo o leyendo algo, suele sucederme mayormente en el trabajo. Odio que en el trabajo me cuenten cómo les va a sus hijos en el colegio, cómo les fue con el trámite bancario o bien, qué harán durante sus vacaciones, menefrega! Si no fuera porque reprimo ciertos impulsos le pegaría en la cara a los que gritan por celular, en la calle, en el tren, en cualquier vía pública. Ni hablar de los pobres infelices que llevan colgados en su oreja el auricular y hablan mientras caminan y de paso hacen diversas muecas y gestualidades que me irritan a tal punto que tengo que mirar hacia otra parte.
Finalmente, me acaban de interrumpir. Omm
2 comentarios:
Ah, bueno, doy con el hallazgo de tu blog y me vengo a enterar de que ¡sos una intolerante, nena! Jajaja, tá muy bien esto de descargarse un poco...
es verdad... basta con todo lo bizarro del orto... encima todo el mundo lo dice con cara de "qué vanguardistas que somos... esto es re contracultural..."
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